Compartiendo Experiencias

Reflexiones Espirituales

Denles ustedes de comer

Jesús nos muestra lo mucho que desea involucrarnos en su trabajo, tanto en el trabajo del espíritu, como en el alimento del cuerpo, de la redención y de la panza.

Él, que ha creado el cielo y la tierra de la nada, si hubiese querido, de una manera fácil y rápida, hacer un gran banquete para saciar a aquella multitud, lo hubiera hecho, pero no, quiere la colaboración de nosotros, los hombres, como colaboradores de su obra. Él cuenta con nuestras manos, con nuestras fuerzas, como servidores de aquellos que más necesitan, de aquí que prefirió hacer el milagro partiendo de lo único que sus discípulos podían entregarle. «Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces» (Mt 14,17), le dijeron. «Traédmelos» (Mt 14,18), les respondió Jesús. Y el Señor llevó a cabo la multiplicación de tan escaso recurso —que ni siquiera son suficiente para alimentar a una familia normal— para dar de comer a unas 5000 familias.

El Señor procedió de igual forma en el festín de las bodas de Caná. Él, podía fácilmente haber llenado con el vino más selecto aquellas tinajas de más de 100 litros, partiendo de cero. Pero, de nuevo, prefirió involucrar a sus criaturas en el milagro, haciendo que, primero, llenasen los recipientes de agua.

Y, el mismo principio, podemos apreciarlo en la celebración de la Eucaristía. Jesús empieza no de la nada, sino del pan y del vino, que ya conllevan en sí el trabajo de manos humanas.

El difunto Cardenal Francisco Javier Nguyen van Thuan, prisionero en Vietnam desde 1975 hasta 1988, se preguntaba cómo podría favorecer el Reino de Cristo y preocuparse de su rebaño mientras intentaba sobreponerse al brutal sufrimiento de su solitario confinamiento. Y, dándose cuenta de lo poco que podía hacer desde la celda de su cárcel, pensó que, al menos, cada día, podría ofrecer al Señor sus “cinco panes y dos peces” y dejar que Dios hiciese el resto. Y el Señor multiplicó aquellos pequeños esfuerzos convirtiéndolos en un testimonio que ha inspirado no sólo a los vietnamitas, sino a toda la Iglesia.

Hoy, el Señor nos pide a nosotros, sus modernos discípulos, que “demos a las multitudes algo de comer” (cf. Mt 14,16). No importa lo mucho o poco que tengamos: démoslo al Señor y dejemos que Él continúe a partir de ahí. Sigue habiendo muchos hermanos nuestro con muchas necesidades, especialmente niños y ancianos que no llegan a cubrir sus necesidades básicas, nosotros los cristianos debemos dar una respuesta buscando los medios y los caminos para revertir esta realidad. Debemos volver nuestra mirada a Jesús y reencontrarnos con su mensaje para hallar las respuestas que nos preservan de la desesperanza.

¿Y cómo debemos actuar nosotros los católicos que nos decimos cristianos al mirar un problema que impacta a nuestros hermanos pobres que cada día encuentran más dificultades para llevar a sus casas un poco de alimento?

La bondad de los que trabajan día a día por aprovechar al máximo la comida, que muchas veces es escasa. Con su acción, la comida termina en el estómago de quien, por su situación de pobre, podría estar excluido del derecho a la sana alimentación. Dios quiera que cada día aumente el número de hombres y mujeres que quieran integrarse en la noble labor de procurar comida para quien no tienen.

Seguro que si pudiéramos estar cerca de Jesús como en aquel día en que sintió compasión por la gente que padecía hambre, nos diría lo mismo que a sus apóstoles: “Denle ustedes de comer”.


Felipe Ortiz. Diácono Permanente.

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Desarrollo: Eugenio Costa.

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